Que ya no hay ganas de seguir fingiendo, estoy hecha de fragmentos, trozos de caricias, recuerdos borrosos.
Hoy, pensé en creerme eso de que "un clavo saca a otro clavo", y casi lo consigo, eh, hasta que una lágrima corrió por mi mejilla al recordar lo feliz que era a tu lado, en tus brazos, y lo bien que me sentía cuando saboreaba tus besos. El dolor era inevitable, sentía tanta presión en el pecho que apenas podía respirar, los recuerdos bombardeaban mi cabeza una y otra vez, cada uno de ellos se convertían en lágrimas y a la vez éstas se convertían en un llanto. El alma me dejó en cada una de mis lágrimas que el jamás y la casualidad no existen, solo existe una mísera colilla que se consume al mismo ritmo de mi corazón.
Y yo, que intenté auto-controlar eso de “sentir de más” pero aquí me tienes, echándote de menos otro día más, que ilusa al pensar que podría lograr olvidarte.
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